Ese mismo 2018 decidimos volver, casarnos y comprometernos en una unión sagrada. Desde entonces nuestra relación es nuestro templo y nuestra escuela.
En ese regreso entendimos algo con una claridad que no venía de la mente: Dios había plantado una misión en nuestro corazón y era una misión conjunta. No la elegimos nosotros, la reconocimos. Y es la que hoy estamos trayendo al mundo.
Llevar este mensaje al mundo se volvió nuestro camino. Nos formamos como coaches de pareja y en sanación, trabajo de sombras, trauma, trabajo somático y regulación del sistema nervioso, linajes ancestrales, sanación de partes y apertura del corazón, entre muchas otras herramientas.
Pero lo más importante no son las herramientas: es la integración de enseñanzas crísticas, de unión sagrada, del femenino y el masculino, taoístas, tántricas y védicas, todas apuntando a lo mismo: los valores, el amor y la verdad en las relaciones. Todo lo que compartimos viene de lo que primero hemos vivido y encarnado.
Lo que se rompió por el miedo puede volver a tejerse desde la verdad.